Martes , 14 agosto 2018
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Un mes sin José Calero Heras

Hace un mes que nos dejó José Calero Heras, una gran persona y mejor profesor, que en los últimos años colaboró con Infolínea Alhama de Murcia, antes Línea Local Alhama con los escritos de sus alumnas del Taller de Literatura Ceres. en nuestro periódico escrito hemos ido publicando escritos de personas que lo conocían bien, Pepe Baños, sus alumnas de Ceres, José Mª Canóvas, Damián Rubio y José Luis Mazón. Aquí os dejamos esos escritos para aquellos que no los pudisteis leer

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José Luis Calero en su casa. Foto Gerardo C. Saura


José Calero Heras, profesor de literatura en Alhama, que abandonó el  siglo y pasó a la fama eterna el 18 de marzo de este año, como el famosísimo hidalgo español, era natural de un lugar de la Mancha del que casi nadie consigue acordarse.  

Los vientos de la vida le empujaron a Alhama, las antiguas tierras arábigas de “Al Hamman” o el baño, a donde vino con la dama de sus pensamientos,  también ella profesora y hasta su rocinante (un Renault 8 de color azul que si no vino con él lo trajo después). El hechizo de la Alhama mágica lo enganchó como ha hecho con otros, atándole al sitio para toda la vida. Ha sido pues Calero un manchego-alhameño o alhameño-manchego alimentado por las energía de la Sierra de Espuña y el influjo silencioso de los ríos termales que transcurren bajo el suelo.

Y como todos los andantes tuvieron sus cronistas -como cuenta Cervantes- no le han faltado a nuestro manchego murciano.  Si Don Quijote tuvo por primero y principal suyo a Cide Hamete Benengeli, el toledano arábigo culto que recogió en su lengua vernácula (el árabe) la historia de Don Quijote seguramente  contada por el protagonista, al nuestro le han salido retallos de los muchos cronistas que trataron con el hidalgo andante de la palabra.

Y en mi caso yo era alumno desde el 70 del instituto Ibañez Martín de Alhama, a la sazón “sección delegada” del instituto de Lorca. Y por dicha condición y ejercicio compartí espacio  y tiempo con Calero como profesor de literatura hasta 1976 en que me marché de Alhama.

Tuve con el profesor Calero una relación personal de alumno-profesor durante varios cursos basada en el “amor-odio” o mezcla entre el conflicto y la admiración hacia su persona y saber.

Me tocó por tiempos aborrecerle porque Calero era el inquisidor de la disciplina académica como director que fue del instituto. Y yo era uno de los rebeldes del centro que por naturaleza tienen que existir para que el fuego sagrado del inconformismo  no se apague y destruya con ello el equilibrio precario del mundo humano.

Era Calero el mejor de los profesores que teníamos. Una especie de “aire fresco” que nos traía un librepensador en un ambiente hasta 1975-1976 regido por un régimen dictatorial y en donde se estudiaba una asignatura denominada “Formación del Espíritu Nacional” que era una sarta de mentiras y verdades a medias de ensalzamiento de una tiranía.

Un estilo diferente marcaba al profesor Calero. Sabía el secreto de la alquimia de transmitir el entusiasmo y necesidad de conocer la literatura. Sus exámenes nunca eran recitaciones memorísticas sino trabajos de integración, resumen, interrelación, con mucho trabajo de investigación para el alumno que nos obligaba a ser visitantes asiduos de la biblioteca entonces instalada en la Casa de la Cultura.

Calero no formaba solo literatos sino personas razonadoras que aprendieran a examinar las cosas por sí mismas sin dejarse llevar por clichés o ideas parásitas creadas por otros y aceptadas sin rechistar. Era por tanto un fabricante de conciencias propias. Y por eso resultaba peligroso en un tiempo en el que defender la razón a ultranza ponía en peligro la libertad personal.

Calero era un jacobino de una revolución pendiente que hoy sigue pendiente aun. Organizó un homenaje a Antonio Machado en el 76 que nos sumergió en la mentalidad de Machado. Gracias querido profesor por tus aportaciones, de este tiempo he sacado armas muy valiosas para atacar desde mi trabajo de abogado a la España miserable de la charanga  y pandereta que es como decir hoy la del PPSOE. ¡Cuantas veces habré usado fragmentos del poema “El mañana efímero” de Machado contra la imperante Justicia de charanga y pandereta que sufre  nuestro país, llena ella de  administradores devotos de “Frascuelo y de Maria”  “de espíritu burlón y alma quieta” que “oran y embisten cuando se les exige usar la cabeza”!. Y si dentro de no mucho el hacha vengadora que anuncia el poema coge poder destructivo y parte el sistema reventándolo que es lo que hace falta,  algo en ello habrá  del profesor Calero porque transmitió la semilla de la defensa de la razón y la rectitud a sus alumnos de los cuales algunos nos sentíamos también discípulos.

Fuiste la primera persona que me dijo que iba a ser abogado sin tener yo aspiración ni deseo alguno de ello.  Recuerdo un día, que debía de ser de los calurosos del verano, cuando yo bajé a tu despacho a pedirte el BOE con las reglas de los derechos de los alumnos y profesores porque andaba cabreado por las exigencias de algún profesor,  y me preguntaste sonriente “¿Qué pasa Mazón es que vas a ser abogado”?.

Y ahora que caigo amigo Calero, y que he paseado los ojos varias veces por los Quijotes de Cervantes,  cierta semejanza hallo entre esa revelación inesperada tuya y la ceremonia improvisada de la ordenación de los caballeros cuando eran armados por sus padrinos que a Don Quijote, recuerdas,  le acertó con aquel padrino ventero/castellano del castillo,  gordo que por ser muy gordo era pacífico, una noche de Luna llena, con el recitado de palabras incomprensibles sacadas de la lectura de un libro que en vez de latín de caballeros era de asentar las pajas de la caballeriza y que hacía las veces de  recital del caballero, teniendo por cohorte a dos mujeres que eran llamadas “de estas del partido” -princesas para don Quijote- y un muchacho que sostenía un vela en un candil y junto a  un pozo de agua en el patio de la venta/castillo.  Pues no hacían falta las conjunciones de los astros (la Luna llena), la noche con luz, el agua del pozo, el fuego de la vela, la inocencia de su tenedor (un muchacho) las dos mujeres principescas y el hombre padrino castellano de un castillo para alcanzar el mismo resultado sin tanta ceremonia.

Calero no era bien visto por el régimen franquista. Como en la canción de Patxi Andion “el maestro” no estaba claro para las “gentes de bien” como piensa el maestro y así  /el cura cree que es ateo/y el alcalde comunista/y el cabo jefe de puesto/piensa que es un anarquista”. Estando vivo el dictador y cuando los príncipes venían a Alhama a inaugurar la residencia de ancianos alguien le dijo a la policía que Calero preparaba un atentado contra ellos. Le tuvieron retenido ese día en su casa sin dejarle salir. Yo investigué si podía haber sido algún amigo gamberro. Pero no, saqué en limpio que ningún insociable amigo había hecho aquello. Estoy convencido de que había gente en el instituto  quienes colaboraban con la “político social” e  informaban al régimen de las cosas de Calero (y de todo lo relativo al instituto).

Con la distancia al marcharme a otro Instituto (el de Orihuela donde tuve la suerte de por vez segunda topar con otro ilustre de la enseñanza de la literatura, Manuel Ruiz-Funes) la imagen de Calero se me agrandó,  me di cuenta de que había tenido por profesor a un  hombre de la talla de la generación del 98 que había nacido algo postergado en el tiempo. Tenía talla intelectual parangonable a  un Machado, un Unamuno o  un reformista Joaquín Costa. Mi última conversación como alumno con él fue en el verano del 76 cuando acudí a por mi libro de notas en el mes de julio para pedir el traslado a Orihuela. Varios años después, cuando ya era yo abogado,  estuve conversando en una celebración de antiguos alumnos del Instituto “Ibañez Martín”. Estaba cabreado con la evolución de los eventos. Habló del gran fraude, que en el 82 Felipe estafó a la ciudadanía española impidiendo el gran cambio. Como Don Quijote,  Calero era un nostálgico de la antigua edad dorada de la humanidad. Y ese amor a esos ideales, sin escudos con que parar los golpes de esta mísera realidad del género humano, puede ser duro de llevar.

Cada vez que iba por Alhama preguntaba a una interlocutora amiga mía y  suya por él. Me interesaban sus cosas. Me compré un libro de texto sobre lenguaje preparado por él y me pareció muy bueno, muy innovador. Sabía que ese profesor de raza no solo no había perdido nada con los años sino que, como dice Cervantes sobre el entendimiento, lo había mejorado.

La oportunidad de hablar con él que siempre buscaba ya se ha pasado para siempre. El 19 de marzo estando fuera de Murcia me llegó por un sms la noticia de su muerte y entierro. Por la distancia ya no podía acudir.  Pero más allá de la partícula todo en el Universo es onda. Y como onda subsiste Calero en un eco eterno al alcance de quien quiera escucharlo. Yo con este artículo y el trabajo que ha llevado ya he tomado contacto y comunicado, las viejas heridas están curadas y Calero es parte indestructible de la España Redentora que desde el más allá lucha contra el desorden y caos de la imperante España de charanga y pandereta.

Pero no pude discutir en vida cosas quijotescas como que Cervantes  cometió infamia contra Don Quijote en su segundo libro haciéndole que muriera abjurando de su condición de caballero andante porque como cuenta en el capítulo 52 y último del primer libro, que es la historia verdadera,  “de su fin y acabamiento no se supo cosa alguna”. Y que otro escritor del tiempo, Quevedo, recogió el  “testamento” coherente de Don Quijote hacia 1614. Y aquí vienen las concomitancias entre el fin de Calero y el del Don Quijote verdadero, que Don Quijote  dispuso por boca de Quevedo:

Mando que en lugar de misas,

justas, batallas y guerras

me digan, pues saben todos

que son mis misas aquestas

De modo que no con misas sino con justas y batallas y guerras contra la España de charanga y pandereta debemos recordar tu tiempo y tu ejemplo.

En lo personal yo recito el siguiente fragmento de “El mañana efímero”  que lleva camino de convertirse en hecho real próximo,  el fin de la hegemonía de la España de charanga y pandereta y su sustitución por  la España implacable y redentora que ya es hora:

Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea

A don José Calero, moderno don Quijote de la palabra,  in memoriam.

Jose-Luis Mazón Costa

 

 

Un alhameño de Valdeganga (Albacete) 

Valdeganga es un pueblo de La Mancha, de la provincia de Albacete, donde a orillas del río Júcar nació en 1944 José Calero Heras. Pero José Calero es y será siempre de Alhama de Murcia. Fue nuestro profesor, nuestro maestro, nuestro compañero y nuestro amigo durante muchos años.
Maestro Nacional y catedrático de Literatura, llegaba a Alhama con la inquietud de un joven comprometido con la lucha por las libertades y con todos los movimientos culturales de principios y mediados de los años setenta. En 1971, como Jefe de Estudios, participaba en la inauguración en octubre de ese año, junto a los 300 alumnos con los que contaba el Centro, de la entonces Sección Delegada de Alhama del Instituto de Enseñanza Media de Lorca.
Ya en 1975, como Director del Instituto, impulsaba el primer Ciclo de Teatro organizado entre el Instituto y el Ayuntamiento que, según el mismo explicaba en una entrevista al diario La Verdad, tenía como objetivo promocionar la afición al teatro en Alhama y sabemos que lo consiguió, porque de ahí nacería el Grupo de Teatro Crápula con el estreno de su primera obra “Sonría Señor Dictador”.
José Calero Heras fue maestro de maestros y su trabajo y sapiencia sobre la didáctica de la lengua, le llevó a participar en diferentes seminarios en Centros de Profesores donde exponía y aportaba una serie de propuestas creativas sobre la lengua viva, con las que transmitía sus conocimientos a cientos de profesores de la Región.
Junto a la publicación de libros de texto, llevó a cabo trabajos de investigación enmarcados en el rigor del análisis literario, innato, del entonces joven profesor José Calero sobre la Obra incompleta de Francisco Alemán Sáinz, que vio la luz en 1978. Otra publicación conocida fue el cuento Mut(il)ación, que vio la luz en una selección de Narradores Murcianos del año 1986 y que se aproxima a zonas aledañas al ensayo literario, combinando la aguda reflexión y la fina ironía, dos trazos muy personales del profesor Calero.
Su labor profesional como docente y su pasión por la enseñanza hizo que la literatura llegara a miles de alumnos que amaron la literatura para siempre y recordarán sus enseñanzas cercanas, amables, rigurosas, aderezando cada palabra con la ternura, sensibilidad y cercanía que le caracterizaba. No había ningún joven escritor alhameño que no mostrara su trabajo al profesor Calero para que emitiese su juicio, siempre amable, pero riguroso y constructivo.
Proyectos como el del Taller de Escritura de la Asociación Cultural Ceres, que comenzó a dirigir en el año 2009, generaron un grupo de tertulia en lengua escrita, en lengua hablada, en charlas y cafés de trabajo. El impulso y la motivación que él conocía a la perfección, hacía que sus alumnos sacaran lo mejor de si mismos. Fruto de este trabajo fueron muchas colaboraciones periodísticas, participantes y ganadores de diferentes premios y la cuidada edición de dos libros, seleccionados y preparados por José Calero, su maestro, como le llamaban todas sus alumnas.
La colaboración con cualquier institución cultural estaba asegurada por su parte. Con el Ayuntamiento de Alhama participó y colaboró en diferentes proyectos. Fue uno de los impulsores del Certamen Literario de Relato Breve “Alfonso Martínez-Mena”, con el que compartió una gran amistad y muchas ediciones de los premios anuales, formando parte del Jurado como secretario. Y relacionado con el autor alhameño Alfonso Martínez-Mena realizó una cuidada y didáctica edición del libro “El espejo de Narciso” que fue muy elogiado tanto por maestros como por profesores de la Universidad de Murcia.
Sirvan estas breves pinceladas para recordar a una gran persona que nos dejó el pasado día de San José. Era el día de su Santo. Casualidades del destino.
José Calero Heras era un hombre cabal, en todas las acepciones de la palabra, de grandes ideales y principios, quizás como su paisano Don Quijote de La Mancha, de cuya novela era uno de los grandes especialistas, que analizaba sistemáticamente y conocía capítulo a capítulo, línea a línea, palabra a palabra….
Su ausencia no la esperábamos tan pronto. A todos tus amigos, alumnos, compañeros, … nos ha quedado la sensación de que teníamos que agradecerte muchas cosas y ahora, recordamos con pena, no habértelo podido decir personalmente. Creo que, aunque es tarde, todavía estamos a tiempo, porque el reconocimiento a tu persona, en las múltiples y diversas facetas, quedará para siempre. Estamos en deuda contigo maestro.
Un abrazo muy fuerte de todas las personas que hemos tenido la suerte de haberte conocido, de todos tus compañeros, de todos tus alumnos, de todos tus amigos… entre los que me cuento.

Por José Baños Serrano (Cronista de la Villa de Alhama)

 

 

Mi profesor, mi maestro al que debía tanto se ha quedado dormido para siempre. Lo imagino con un libro de poemas de Machado rodeado de todos sus alumnos dormitando en su silla y soñando con un futuro mejor. Si él no hubiera llegado hasta nosotros desde su Mancha natal no hubiera existido el grupo de teatro Crápula, el cine-club Los Olmos, el ciclo de teatro, no conocería a San Juan de la Cruz y su Canto Espiritual, ni a Sofocles, ni Euripides, Shakespeare, Cervantes, ni hubiera paseado junto a él por las calles de Toledo envuelto en las Leyendas de Becquer, o por la orilla del río en Cuenca escuchando los poemas de Machado, Miguel Hernández, Lorca, Gerardo Diego…
Sin don José Calero no hubiera sido el que soy. Me enseñó a amar el teatro, el cine, la música, la literatura y lo más importante las personas que hacen de este mundo un mundo más hermoso garabateando unas letras sobre un papel.
Me animó a escribir, me animó a pintar y me animó para salir de mi caparazón de tímido adolescente y hacer teatro: juntos montamos en el instituto a Bertol Brecht, juntos iniciamos un proyecto de libro y juntos estuvimos en su última aparición pública, ya enfermo.
Me dedico un poema de Gerardo Diego donde habla de la importancia de tener un buen discípulo, un alumno en el que dejar una huella imperecedera. Don José, aunque esté dormido, debe estar contento porque esa huella está en mayor o menor intensidad en todos los que fuimos sus alumnos.
Y quiero homenajear a mi maestro con otro poema, esta vez de Gabriel Celaya:
“Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino, un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar mientras uno trabaja,
que esa barca, ese niño,
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia pueblos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada”.
Hoy la barca de mi maestro se ha quedado dormida pero os aseguro que su bandera esta enarbolada en muchos barcos y para siempre. Gracias Maestro.

José Mª Cánovas Vera,tecnico del Ayuntamiento de Alhamay exalumno de José Calero

 

A NUESTRO MAESTRO 

Hoy no es miércoles, pero aun así nos hemos reunido el grupo del taller de Literatura.
Vamos a despedir a nuestro maestro.
Durante varios años nos ha impregnado de su sabiduría y ha compartido con nosotros su amor por los libros con amabilidad, ternura y tesón.
En los últimos años ha dedicado mucho de su valioso tiempo a este grupo, sin pedir nada a cambio, pero estamos seguros que lo hicimos feliz y él a nosotros.
Ayer nos dejó y se reunió con muchos de sus grandes amigos, entre ellos Cervantes, que seguro compartirá charla con él, hablarán de la Mancha, su tierra y analizarán este capítulo y el otro, de su gran obra de la que él era un enamorado, o simplemente arreglarán un poco el mundo como hacía con nosotros los miércoles, después de indicarnos con tanto cariño y esmero donde colocar la coma o el punto.
Se ha ido sin hacer mucho ruido, como a él le gustaba, pero nos ha dejado un recuerdo que no se borrará fácilmente.
Como dijo Cervantes en el último capítulo de su vida: “Ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño”. Para este grupo también los tiempos han cambiado.
Gracias, Maestro.
Alumnas del Taller de Literatura Ceres

 

HASTA SIEMPRE, COMPAÑERO

El pasado día 19 de marzo asistí al sepelio de D. José Calero Heras, catedrático de Literatura y profesor del IES Valle de Leiva hasta su jubilación. Su labor como docente en el instituto de Alhama, entonces sección delegada del Ibáñez Martín de Lorca, se inició recién estrenada la década de los 70. Durante este periodo, fue director del citado centro varios años. También ejerció como profesor de profesores en el CPR de Lorca, etapa durante la cual publicó varios libros de Lengua y Literatura.

Por lo que he escuchado a sus antiguos alumnos, la llegada de Calero al Instituto supuso una bocanada de aire fresco, en esos años en los que la Dictadura estaba dando sus últimos coletazos. Su forma de dar clase contrastaba mucho con las maneras autoritarias de la época. Calero era un profesor respetuoso, tolerante, cercano y enamorado de su profesión. Enseguida se ganó el respeto y la admiración de sus alumnos, y con ellos realizó numerosos proyectos que en su momento eran muy novedosos: un grupo de teatro que representaba sus obras por los distintos institutos de la Región, recitales de poesía, revista literaria, cine fórum, etc.

El amor que él sentía por la Literatura lo trasladaba a sus alumnos de manera espontánea y natural, lo que les hacía trabajar en un solo curso a varios autores clásicos sin que esto supusiera una carga sino un deleite. García Lorca, Machado, Juan Ramón Jiménez,  Valle-Inclán, Miguel Hernández, y otros muchos autores, se convertían en compañeros de clase gracias al buen hacer de Pepe Calero.

El profesor no sólo desarrollo una extraordinaria labor en el Instituto, sino que fue un hombre comprometido con la cultura y la política alhameñas. Como persona de izquierdas, colaboró en distintas campañas con el PCE e Izquierda Unida y siempre estaba dispuesto a echar una mano, cuando se le pedía, en los asuntos relacionados con la cultura local. Hasta fechas muy recientes ha ejercido su labor pedagógica en el Taller de Literatura de la Asociación de Mujeres Ceres, del que han salido numerosos premios literarios del concurso que se organiza en torno al Día de la Mujer.

También es conocida su faceta como deportista, especialmente en relación al tenis. Ha participado durante muchos años en las actividades organizadas por el Club de Tenis de Alhama, en el que ha dejado numerosos amigos. Todos destacan su afán de superación, su capacidad de esfuerzo y sobre todo el respeto a compañeros y rivales.

Todos los que hemos conocido a Calero, lamentamos profundamente la pérdida de esta gran persona. Lo considerábamos como un alhameño más, puesto que ha sido vecino nuestro durante más de 45 años. Espero que nuestro Ayuntamiento, más pronto que tarde, tenga la sensibilidad suficiente para realizar algún reconocimiento público a quien tanto hizo por la cultura de Alhama.

Desde esta columna, quiero trasladar mi más sentido pésame a familiares y amigos. También deseo que estas líneas sirvan de humilde homenaje de mi persona y del colectivo al que represento.

Damián Rubio

 

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