Martes , 23 octubre 2018
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Siempre os querré ‘hasta donde nadan las ballenas’

Siempre os querré ‘hasta donde nadan las ballenas’

“Buenas noches Alhama, buenas noches.

¡Cuántas historias juntas en la plaza! Si pudiera escuchar una a una para llenar mi vida de palabras. Si pudiera escuchar una a una, haría una canción para cantarla.

Buenas noches Alhama. ¡Qué orgullosa de compartir mi vida con vosotros, de comartir las calles de mi pueblo como pasillos de un lugar maravilloso!

Mi pueblo es el hogar al que regreso. Mis vecinos, hermanos.

Buenas noches Alhama. Mientras me quede vida, aquí tenéis lo poco que yo tengo: Estas humildes manos. Escribiré con ellas a mi pueblo, defenderé con ellas a su gente. Poco puedo ofreceros: Unas manos que escriben solamente.

No han firmado tratados importantes, no han abierto palacios ni han vestido diamantes…

Mis manos que se han equivocado innumerables veces, pero contad con ellas para trenzar las vuestras, para alcanzar un vaso, para cruzar la calle.

Son el cuenco pequeño donde cabe la luna, si alguno de vosotros quiere que se la baje.

Me presento por si alguien, de repente, no supiese de mí, cosa que entiendo.

Me gusta madrugar, seguramente, porque empiezo a soñar cuando despierto. Siempre tendré un futuro por delante, no soporto ver triste a mi enemigo.

Si hay 7.000 millones de personas, ni una sola me sobra en el camino.

Llegué a este hermoso pueblo en el año 1982, sólo tenía 12 añitos. Venía de perder a un padre en Puerto Lumbreras, mi pueblo natal, a la edad de 8 años y me esperaba, sin saberlo aún, una vida bastante difícil, pero nunca me quejé.

Pensé que mientras perdía el tiempo en quejarme, se me escapaba un poema que nunca sería escrito. Así, entre pena y pena y madrugadas de insomnio, fui llenando de versos una libreta y una vida.

El tesoro material más importante que he tenido ha sido un bolígrafo cargado de amor. Vine a este mundo con un propósito que es no dejar de atender a nadie en mis humildísimas posibilidades, a nadie que me confesase una necesidad.

Así lo dejo patente en el poema ‘Mi vida es la vuestra’: “La vida era todo, /también ese día que me entretuviste /para comentarme todas tus miserias y yo tenía prisa, / ¡qué ilusa era entonces! /Me hubiera perdido tus cosas pequeñas /Mi vida era tuya también, era nuestra / porque mi abrazo, mi palabra, mi tiempo y mi vida/ es para quien la necesite /De ninguna otra manera podré disfrutarla”

Mis versos que ahora vuelan como palomas por el mundo, serán siempre regalos para los más indefensos, para los que andan perdidos, solos, hundidos y con falta de que se les pregunte por sus ilusiones.

Nunca me ha movido lo material a la hora de escribir, jamás me moverá el dinero ni la fama para seguir escribiendo. Han sido 39 años desde que escribo, no he recibido recompensa alguna, pero la poesía me perseguía a dondequiera que iba y era inevitable contar la vida de los demás. A eso me dedico y quiero seguir dedicándome, a contar la historia de quien necesite que se le escuche en este mundo.

No olvido los lodos en los que he remado. Soy de la estatura del que tengo enfrente. Aún no ha nacido ningún ser humano que busque mis manos y no las encuentre.

Puede que enolquezca de tanta cordura, puede que enmudezca de gritar tan fuerte, pero si me duermo por todos los siglos, por todos los siglos dejadme que sueñe que es posible un mundo para los que sufren, que es posible un mundo para los que sobran, que es posible un mundo para los que pierden y que es posible un mundo para los que estorban.

Siempre he pensado que cuando uno cierra la puerta de su casa, el mundo no puede quedarse afuera. Somos 7.000 millones de personas en un planeta con problemas. No tenemos quizá el poder de frenar una guerra, pero sí el de tratar bien a nuestros vecinos más cercanos. Las guerras mundiales comienzan en una calle muy pequeña.

Celebremos la fiesta de vivir, pero no solo en la semana grande de nuestro pueblo, sino cada día, por duro que se presente.

Cuando era más joven pensaba en disfrutar cada momento, con el tiempo me fui dando cuenta de que tenía que disfrutar de cada momento, incluso de los que no me gustaban, porque eran muchos más y entonces me perdía mi vida.

Mi madre, mi abuela y mis cinco hermanos varones llegamos a Alhama con ilusión, a trabajar y a esforzarnos. Nunca desistimos. Desistir no forma parte de nuestra forma de ser. Hundidos mis tobillos en el cieno, sangrando en hemorragia mis heridas, clavándome alfileres en el pecho, me pinté la sonrisa con un lápiz y la puse al servicio de mi pueblo.

Sigo defendiendo un mundo más cabal, donde los sueños sean el eje que lo mueve todo, jamás se os acuse de dejar a medias un sueño imposible si es que los hubiera. Yo no los conozco y mira que llevo sueños a cuestas. Así les digo a mis hijos en las ‘Instrucciones’ que escribí para ellos en la puerta de casa y que hoy día han escuchado millones de personas.

Sigo siendo esa niña que quería cambiar el mundo en el patio del colegio. Sigo y seguiré siendo lo que me enseñaron mi abuela y mi madre: Una persona valiente para afrontar con dulzura y serenidad lo que venga a esta vida que se me dio un 27 de septiembre de 1970 en Puerto Lumbreras y que tengo al servicio de quien la necesite y ¡cómo no! de mis queridísimos vecinos.

¡Quién pudiera llevar a cada humano de la Tierra un mensaje la felicidad! ¡Quién pudiera tocar en tu hombro y desvelarte la fórmula secreta de la risa y quitarte la sed de tantas cosas y prohibirte la angustia y la desdicha! ¡Quién pudiera contarte que los sueños son la única verdad en esta vida y llevarlos en cofres a tu puerta y obligarte a soñarlos cada día!

No olvidéis nunca que un poeta no es nadie sin un pueblo, sin unas raíces, sin gente a quien cantarle. En cada entrevista que me han hecho me han preguntado si es verdad eso de que nadie es profeta en su tierra, yo he preferido decir: Canta en tu pueblo y serás universal.

No dejaré de cantar y de contar, de escribir y de escuchar, porque una cosa me lleva a la otra. Adoro a mis tres hijos y les enseñré esquivar a las hormigas, a no dejar de sonreír a nadie jamás y hacer la vida más fácil a cada ser vivo que habita en la tierra. Les enseñaré a mirar a su alrededor antes de acostarse porque puede haber alguien que no lo esté pasando muy bien.

No me cansaré de repetirles a los pies de su cama cada noche que la mejor venganza es un abrazo, que a la felicidad se llega antes por el atajo del amor y que al final del camino se encontrarán con un tesoro enorme, aquello que dieron a los demás. Y entre tanto toma y dame y entre tanto ir y venir, he mirado mi inventario y solo tengo lo que di.

He venido también a este balcón a dejaros unas palabras de mi madre: “Hija, -me decía- no te pierdas la vida de nadie”. Quiero que sepáis todos que podéis buscarme, porque me encontraréis.

Aquí, en Alhama, están mi corazón y mi poesía, al lado de mis hijos, de mis hermanos y de mi compañero de batallas, David, al que no quiero dejar de mencionar para que sepa que si algún día me dejo el corazón afuera tendrá que ayudarme buscarlo porque no quisiera dejarme su vida para luego.

La vida es hoy, es aquí y es efímera. Prometo no desperdiciar la que me queda en peleas, en discusiones, en enfados, porque para eso está el diálogo. Cada segundo es importante, es tuyo. Es una ocasión para la paz.

Ojalá nadie nos dejemos nunca el corazón afuera. Ojalá entremos a casa y bailemos en la cocina después de haber escrito un ‘Te quiero’ de colores en la puerta porque el amor es lo único que puede salvarnos.

Buenas noches Alhama. Aquí tenéis mis manos, mi bolígrafo y ¡cómo no! mi vida sencilla. El pueblo, el mundo está lleno de historias magníficas que no quisiera perderme. No me vendrí mal que si me encontráis en una acera, me paréis para enseñarme tantas cosas. Ya sabéis que soy poeta de aceras y de patios. Nunca he sido poeta de grandes escenarios.

Solo tengo un proyecto medianamente claro. Yo no escribo mis versos para ningún jurado, vosotros sois mis jueces, para vosotros canto. ¿Qué otro premio pretendo si logro emocionaros?

El 23 de noviembre se me abre un nuevo horizonte en los países latinoamericanos. Empiezo en Méjico y todos, todos, todos os venís conmigo porque hablaré maravillas de este hermoso lugar que nos acogió con tanto amor a mi familia y a mí.

Eso es lo que hago en cada ciudad donde voy: Hablar de un lugar precioso al pie de una sierra maravillosa.

¡Viva la gente de mi pueblo y de todos los pueblos de la Tierra! ¡Viva la gente valiente, esas personas que me encuentro cruzando por los pasos de cebra y que temblándoles la vida, siguen sonriendo y haciendo de este pueblo y del mundo un lugar más habitable! Porque un pueblo no es cualquier cosa. Un pueblo es un hogar.

Gracias a la Peña El Cocotazo por poner a mi servicio un micrófono y un balcón en donde poder deciros humildemente y desde lo poco que entiendo aún mi paso por el mundo que creo que mañana es un sitio que no se ha construido; que cabemos todos; que los muros del corazón son los que nos encierran en nosotros mismos, esos sí son peligrosos; que no hay nadie que no merezca una sonrisa; que no olvidemos a quienes estuvieron en este mundo y se tuvieron que marchar, pero nos dejaron muchas enseñanzas; que en los pueblos del mundo no hay razas; que hay razones para levantarse cada día con la sonrisa más grande que tengamos porque empieza a amanecer y empieza la aventura de amarnos.

¡Qué hermoso es despertar en mi hogar y ver de nuevo tu cara y tenerte a mi lado y haber coincidido en esta tierra hermosa, en tiempo y lugar y no olvidarme jamás de que tu carne duele! Y tener a mi servicio la ilusión de enamorarme de ti y de todo hoy mismo sin esperame ni un minuto más.

¡Qué hermoso tener a mi servicio el viento, el agua y tus ojos y un cuento que contarte y una caricia que no me voy guardar! Y tus arrugas, que cuando las recorro me llevan hacia tu magnífica historia y tus kilos de más y tus kilos de menos que nunca debieron ser motivo de mofa sino de admiración y respeto.

Ojalá nadie nos acostumbremos a vivir como si esto fuera para siempre porque cada día es único, irrepetible, irrecuperable y ¿dónde se van entonces los besos que no te di, la canción de no te canté nunca al oído, el te quiero que no me dio la gana de decirte porque me había enfadado? ¿Dónde está de pronto la vida que vine a compartir con mis queridísimos vecinos y que perdí al verlos como una costumbre?

Ojalá nunca nos acostumbremos a la vida de los demás porque es entonces cuando la propia vida pierde lo más importante: El verbo, la acción. Y entonces ya no se llama vivir. No olvidemos jamás que la evolución de los seres humanos no es solamente cosa de los científicos, de los astronautas. Es de cada uno de nosotros y consiste en mirar por nuestros ancianos, en acariciarles las arrugas, pidiéndoles que nos cuenten su historia, en mirarnos con amor cuando pasemos por el lado de otros.

Se tiene que terminar el bullying, la violencia de género, la pederastia… Nadie tiene derecho a robarle la infancia a un niño. Se tiene que acabar la corrupción, el insulto en las redes sociales, que debieran ser redes de diálogo. No puede ser que haya robots con inteligencia y que los humanos sigamos mirándonos de reojo para ver si lo que llevas puesto te sienta bien o te sienta mal porque así no se avanza.

Quiero acabar también dando las gracias a las autoridades, a los medios de comunicación, a vosotros vecinos, hermanos todos que viene a ser lo mismo, por escucharme y por apoyarme desde siempre. Hay personas viendo el pregón desde su casa en estos mismos instantes porque algo les ha impedido estar presentes. Para ellos también mis palabras y mi pensamiento.

Gracias por último, gracias infinitas por último a la vida, que parece ser que me ha dado la oportunidad de seguir disfrutando un poco más. Intentaré vivirla sonriendo, otros tuvieron menos suerte.

Desde aquí mi recuerdo infinito.

Y para terminar, resumo diciendo que quizá lo único que quise decir después de estos quince minutos es que aún estamos vivos y que no dejemos escapar ni una carcajada ni una caricia ni un beso ni un guiño ni un abrazo porque entonces lo que se nos está escapando es la propia vida.

Ya sabéis que os querré siempre como me dice mi hija pequeña: “Hasta donde nadan las ballenas” porque, según ella, es el sitio más lejano que existe. Pues hasta ahí os quiero.

Amigos de Alhama y de donde quiera que seáis, hasta donde nadan las ballenas… ¡Vivan las fiestas patronales de la Virgen del Rosario de Alhama de Murcia”.

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