Domingo , 23 julio 2017
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Sanidad recomienda extremar las precauciones para evitar la salmonelosis en verano

Salud Pública aconseja reforzar la higiene y velar por la correcta conservación de los alimentos

La Consejería de Sanidad, a través de la Dirección General de Salud Pública y Adicciones, recomienda extremar las precauciones para evitar la salmonelosis, una de las enfermedades de transmisión alimentaria que más  se registran en verano.

El director general de Salud Pública y Adicciones, Manuel Molina Boix, destaca que “estas afecciones tienen un marcado carácter estacional, y son precisamente las épocas calurosas, que en nuestra Región abarcan gran parte del año, las que entrañan más riesgo, por lo que se hace necesario tomar determinadas precauciones a la hora de adquirir, transportar, almacenar y preparar los alimentos para su consumo”.

Las personas contraen la salmonelosis al consumir alimentos contaminados de origen animal, principalmente huevos, carne, aves y leche, aunque también se han vinculado otros, como hortalizas contaminadas por estiércol. Además, puede transmitirse entre las personas por vía fecal-oral.

Por ello, se hace necesario tomar ciertas medidas de prevención con unas prácticas básicas como la cocción completa de algunos alimentos, además de extremar la higiene personal y de los espacios donde se cocina. Medidas recogidas en una publicación de la Consejería de Sanidad disponible en http://www.murciasalud.es/recursos/ficheros/4289-4289-Etashogar.pdf

Entre otras medidas preventivas, es aconsejable acudir siempre a los cauces comerciales sujetos a un control sanitario periódico y se recomienda aislar los alimentos antes de guardarlos en el frigorífico con aluminio o plástico de uso alimentario, tarteras o similares, así como no situar juntos los crudos y los cocinados. Los alimentos ya cocinados deben situarse siempre por encima de los crudos como carnes o pescados, con el fin de que estos últimos, en el caso que goteen, no contaminen a otros.

Hay que tener en cuenta en qué fecha se han comprado, para utilizar antes los que lleven más tiempo en el frigorífico o despensa. Además, se recomienda no guardar los alimentos cocinados más de 3 o 5 días, y enfriar rápidamente después de su preparación los que no precisen cocinado tales como ensaladillas, marinados o ensaladas si no se van a consumir de inmediato.

Por último, hay que tener especial cuidado con salsas que lleven huevo y con las mayonesas, ya que son alimentos frecuentemente implicados en la aparición de este tipo de enfermedades debido a que constituyen un sustrato ideal para el crecimiento de salmonella. Para su elaboración hay utilizar huevos frescos, enteros (sin fisuras ni rotos) y limpios.  Las salsas de elaboración propia además tendrán una acidez cuyo pH no sea superior a 4,2 en el producto terminado, que se consigue utilizando limón o vinagre como ingredientes.

La temperatura máxima de conservación de este tipo de alimentos será de 8° C hasta el momento de su consumo y nunca hay dejarlos a temperatura ambiente. El plazo máximo de conservación es de 24 horas a partir de su elaboración.

La higiene de manos es muy importante: se tienen que lavar con agua, abundante jabón y cepillo de uñas antes de comenzar a manipular alimentos, después de ir al aseo y siempre que sea necesario. Por otra parte, se deben conservar en perfecto estado de limpieza todas las superficies y utensilios que se vayan a utilizar. Además, los manipuladores profesionales de alimentos deben notificar inmediatamente a sus empleadores todo episodio de fiebre, diarrea, vómito o lesiones cutáneas infectadas y visibles.

 

Millones de afectados en el mundo

La salmonelosis, causada por la bacteria ‘salmonella’ es una de las enfermedades de transmisión alimentaria más comunes y ampliamente extendidas. Se estima que afecta anualmente a decenas de millones de personas en todo el mundo.

Los síntomas de la enfermedad comienzan a manifestarse entre 6 y 72 horas después de la ingesta de salmonella, y la enfermedad dura entre 2 y 7 días. En la mayoría de los casos, los síntomas son relativamente leves y los pacientes se recuperan sin tratamiento específico. Generalmente se caracteriza por fiebre alta, dolor abdominal, diarrea, náusea y, a veces, vómitos. Sin embargo, en algunos casos, particularmente en niños pequeños y en ancianos, la deshidratación causada por la enfermedad puede ser grave.

 

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