Miércoles , 19 septiembre 2018
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“Retroactiva” de Pepi Cava en El Pósito

El pasado viernes 6 de febrero se inauguró en El Pósito “Retroactiva”, una exposición de la artista local Pepi Cava que podrá verse hasta el 28 de febrero

Con motivo de la exposición de Pepi Cava en El Pósito, reproducimos a continuación la entrevista que publicamos este verano de Paquita García Pascual.

PEPI CAVA: La expresión del sentimiento

Ahora lo que me apetece es pintar libremente; tengo mucho que ofrecer”

Pepi Cava, “una artista humilde y local”, así es como esta carismática pintora Alhameña se ha definido en esta entrevista. Al escuchar estas palabras nuestras miradas se entrecruzan, y es inevitable no pararme a observar ensimismada el brillo que desprenden sus ojos color azabache. Y su mirada me revela algo, probablemente un anhelo, un inconformismo, de que su arte nunca haya llegado más allá del ámbito local. Mi intuición no me ha traicionado, porque a lo largo de la entrevista puede comprobar que sus ojos no mentían. Como persona, Pepi es única, tierna, dinámica, ilusionada y sobre todo muy comunicativa. Como artista me atrevería a decir que es ese diamante que se subasta pero que aún nadie ha osado a pujar por él. Su pintura no deja indiferente al que la mira. Para esta humilde alhameña pintar es una manera de entender la vida, de sentirla, de vivirla más intensamente y de poder expresar sus sentimientos. Sensación de asombro, emoción y complacencia es lo que he experimentado al observar su último cuadro, el que ha pintado para la exposición “Alhama, su castillo y nuestros artistas”. A lo largo de su trayectoria profesional Pepi Cava ha conquistado la retina de todo aquel que se ha detenido a contemplar su arte. Su deseo es seguir conquistando muchas más, ya no sólo en su modesto pueblo, sino fuera de él también.

Con más de una veintena de exposiciones a sus espaldas e infinidad de cuadros pintados, Pepi Cava aún no se siente realizada artísticamente, siente que todavía no se ha dedicado a la pintura como realmente le gustaría. Asegura sentirse ilusionada y con la fuerza de un torbellino para afrontar un proyecto profesional que lleva fraguando desde hace años pero que probablemente por su dejadez nunca ha conseguido llevar a cabo. A sus 40 años de edad se siente en el punto álgido de su vida personal y profesional, y siente una inquietante necesidad, la necesidad de mostrarle a la gente la artista que lleva dentro, y que la gente conozca sus sentimientos a través de sus pinturas. “Estoy cansada de pintar cuadros que la gente me encarga para que le hagan juego con los sofás y las cortinas”. Ahora Pepi lo que quiere es pintar libremente, y reunir una serie de cuadros para poder realizar una exposición, porque asegura ser un desastre y lamenta haber guardado muy pocos de sus cuadros porque prácticamente todos los ha vendido o regalado. Esta artista lleva participando en exposiciones y concursos de pintura desde el año 1996, quedando finalista en algunos de ellos.

Pepi no recuerda la edad exacta con la que comenzó a pintar, pero sabe que desde bien pequeñita ya le atraía el arte. “Todos mis amigos al terminar el colegio salían a la calle a jugar, y yo me quedaba en casa pintando”. Asegura con contundencia que en el colegio siempre destacaba en pintura, aunque no en las demás materias. Siempre animada y alentada por su hermana mayor que desde la infancia la ha apoyado, y le compraba el material necesario para que pintara. Es la quinta de seis hermanos y reconoce haber crecido en el seno de una familia humilde que sobrevivía con el único sueldo de su padre “Si no hubiese sido por mi hermana que me compraba los materiales de pintura quizás no habría podido pintar todo lo que yo quería”. Pero su hermana no era la única que la apoyaba, toda la familia empezaba a ver desde su infancia que Pepi era una artista. Recuerda con mucho cariño como su padre, que era invidente, iba a casa de las vecinas y preguntaba si era cierto que su hija pintaba tan bien como decían. A ella le hubiera encantado que su padre pudiese haber contemplado y apreciar su arte, pero sabe, que de una u otra forma disfrutó de él. Aún siendo una niña Pepi comenzó a dar lecciones de dibujo del pintor D. Constantino López, y años más tarde aconsejada por el profesor Cristóbal Puerta Jiménez cursó estudios en la escuela de Arte y Oficios artísticos en la modalidad de dibujo publicitario. Actualmente imparte clases de pintura a niños y realiza algunos trabajos por encargo. Su economía depende de ello, pero a ella lo que realmente le apasiona es pintar libremente.

Agradecida con la vida por el don que le ha dado, admite necesitar muy poco para vivirla. “Vivir en paz, mirar a mi alrededor y que todo el mundo sea feliz, es lo único que pido”. Admite que le gustaría poseer algún día un amplio salón de pintura con mucha luz y vegetación, y unas vistas impresionantes, aunque para ella eso es casi una utopía, según confiesa. Y es que, esta modesta pintora, revela que en su casa hay pintura por todos los habitáculos, y que actualmente ha hecho un hueco en su salón, para ubicar su caballete, sus lienzos y sus pinturas. A ella no hay nada que le moleste a la hora de ponerse con el pincel, no hay nada que la saque de su mundo, cuando está inmersa en colores, líneas y expresiones. “Soy capaz de pintar hasta debajo de una piedra”. Su hija Aurora de seis años y su pareja Juan son sus mayores apoyos y fuentes de inspiración en este momento, pero con una ironía latente en sus labios nos dice que su novio es muy crítico con ella, sobre todo, a la hora de hacer el enfoque de sus pinturas, y la incita a que investigue otros nuevos mundos. Pero Pepi no se siente segura cuando ha seguido sus consejos: “Cuando alguna vez le he hecho caso, al finalizar la obra me he preguntado ¿y aquí donde estoy yo?. Mientras dialogamos, Aurora viene constantemente con una bonita pintura en la mano, para que su madre la aconseje, y sin dudarlo, ella le dice con voz esplendorosa que es una artista. Sin detenerme mucho a observar la pintura, intuyo que Aurora comparte con su madre la pasión por pintar. Nos dice Pepi que su hija pinta a todas horas y que la acompaña a todos los talleres, aunque nunca la obliga, lo hace porque es una apasionada. “Yo la animo a que pinte, pero no la obligo. Le compro lienzos pequeños y ya ha pintado algún cuadrico”. Madre e hija, hija y madre, artistas y cariñosas, dulces y tiernas; cómplices de un mismo sentimiento, el sentimiento de llevar en las venas el arte de pintar, y el amor que se regalan día tras día. Así es la relación entre estas dos pintoras. Pepi es la madre, la hija, la novia, la hermana, la amiga y la artista, que vive de la pasión y la emoción que le aporta todo ello.

A mi la pintura me emociona, me hace sentir viva, y a través de ella puedo expresar mis sentimientos. Soy incapaz de irme un día a la cama sin haber cogido un pincel”

Si hablamos de ella y de su arte, podríamos decir mucho. Huye de los convencionalismos y los préstamos artísticos. No le gusta el realismo, porque entiende que para ello está la fotografía. Pictóricamente hablando Pepi se define expresionista, sintiéndose entusiasmada por las figuras, sobre todo femeninas, distorsionando los rostros y alargando los cuellos, siempre con la intención de plasmar un arte figurativo, de composición sencilla, líneas expresivas, caricaturesco y casi siempre dando a conocer la inquietud y situaciones del hombre. Le gusta ser autodidacta; probar, investigar, indagar y averiguar para obtener sorprendentes resultados. Ha llegado a pintar con café, azulete o azafrán directamente en el cuadro, sin importarle como quedaría el resultado. Su mayor problemática o dificultad es la composición de la obra, pero una vez que la tiene en su mente la pintura fluye sola. Cuando se sienta frente al lienzo en blanco su mente comienza a deambular libremente por lugares inhóspitos, situaciones y experiencias vividas, inquietudes, y aspiraciones aún por vivir que es capaz de convertir en auténticas obras de arte. Amiga de mirar, desde pequeña, con cuidado las cosas de la vida, ha ido acumulando un bagaje cultural que ahora expresa en sus pinturas.

Experimentar con la pintura me entusiasma; para mí, pintar es como el comer, lo necesito todos los días”

Pepi Cava, la artista alhameña risueña y humilde, incapaz de emitir más de dos frases seguidas sin emanar una carcajada, me ha conmocionado en esta entrevista, tanto como artista, tanto como persona. Su saber hacer nunca ha pasado inadvertido en el pueblo de Alhama, pero ahora lo que le apetece, es seguir conquistando fronteras, fronteras indefinidas, fronteras incapaces de divisar desde el castillo de su tierra natal. Su obra no precisa de palabras ni rodeos para justificar su calidad; cuadros en reposo y en silencio que interrogan y evocan con toda naturalidad el enigma del hombre y de su soledad. Rostros de muchachas amplios, endurecidos, rotundos, que se esconden en secreto. El extraño hieratismo de sus personajes nos intranquiliza, nos sitúa en el núcleo de la incomunicación humana y del silencio entre los seres. Cada uno de sus lienzos proyecta ante nosotros su figura y su alma. A pesar de ser dulce y tierna, a la hora de expresar en el lienzo, es capaz de transformarse en un volcán en erupción, creando el más vivaz de los expresionismos. Sería un error renunciar a su talento, y os animo a que la conozcáis.

pepicava

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