Domingo , 23 julio 2017
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Hasta el 22 se puede visitar la exposición “Las presas de Franco” en El Pósito

Hasta el 22 se puede visitar la exposición “Las presas de Franco” en El Pósito

El pasado jueves, 6 de abril, se inauguró en la sala de Exposiciones El Pósito “Las Presas de Franco”, que permanecerá hasta el 22 de abril.
Se trata de una de las exposiciones itinerantes disponibles en el fondo cultural de la Secretaría de Movimiento Republicano y Memoria Democrática del ,, que inició su recorrido por toda España en el año 2007.
IU-Verdes ha tramitando la solicitud y el traslado a Alhama desde Madrid, contando con la colaboración de Andrés Cazorla, y colaborando con la Concejalía de Cultura tras su inclusión en la programación semestral.
Mediante 43 paneles se hace un repaso por la vida penitenciaria femenina, desde principios del S. XX hasta las primeras décadas de la dictadura franquista. Se reúnen en ella unas doscientas fotografías y documentos, procedentes de archivos públicos y privados, incluyendo además testimonios y material aportados por la propias víctimas de la represión.
En el acto de inauguración estuvo el alcalde, Diego Conesa, la concejalas de Cultura, Alicia Martínez, y de IU Verdes, Isabel Campos, que dirigieron unas palabras a los presentes.

 

INTERVENCIÓN ISABEL CAMPOS PARA LA EXPOSICION PRESAS DE FRANCO

“Hace ya algún tiempo que en Izquierda unida tuvimos conocimiento de esta exposición que ha recorrido numerosas ciudades españolas, pero no ha sido hasta este año que hemos podido contar con ella.

Al elegir una fecha entre el 8 de marzo y el 14 de abril, tratamos de reivindicar la figura y el lugar importante que ocuparon las mujeres, tanto en la Republica como en la guerra civil, así como en la represión de la postguerra. Creo que es nuestra responsabilidad y nuestro deber dar a conocer esta etapa de la historia de las mujeres en España. Las generaciones actuales y las que vendrán, tienen el derecho de saber lo que, hasta ahora, no se enseña en los libros de texto.

Siempre digo que la más injusta de las guerras es una guerra civil, hoy voy un poco más allá y diré que si la represión sobre los hombres republicanos fue cruel, más aún fue la que se ejerció sobre las mujeres, por lo que tuvo de injusta y también porque lo que ellas sufrieron fue más allá de las represalias ideológicas.

Para ponernos en contexto, comenzaré hablando de Victoria Kent.

En abril de 1931, la abogada Victoria Kent fue nombrada directora general de prisiones de la II República española. Especialista en Derecho Penal, formada en los principios de la Institución Libre de Enseñanza, se propuso durante su mandato humanizar las cárceles de hombres y mujeres. Su más popular medida fue la de retirar los grilletes y cadenas que seguían utilizándose en las cárceles. Asimismo, entre otras medidas, ordenó instalar un buzón en cada centro, de acceso vetado a los funcionarios, para que los reclusos pudieran comunicarse directamente con la dirección general y exponer sus quejas. Victoria Kent fue la inventora de las visitas vis a vis, permitiendo las relaciones sexuales de los reclusos con sus esposas o compañeras.

El laicismo impregnó su discurso. No solamente disolvió el cuerpo de capellanes de prisiones, respetando de esa forma la libertad de conciencia de los reclusos, sino que sustituyó a las monjas por un cuerpo especializado de funcionarias, el primero de este tipo que se creó en España. En la Sección Femenina Auxiliar del cuerpo de Prisiones ingresaron por oposición mujeres preparadas culturalmente, muchas de ellas con titulación de maestras, tras aprobar un cursillo en el recién creado Instituto de Estudios Penales.

Victoria Kent concibió desde el primer momento la creación de una prisión modelo para mujeres. Ella misma intervino en el diseño de los planos. Sería una «Prisión Moderna», con amplios espacios y mucha luminosidad, celdas individuales, salón de actos, biblioteca, terrazas para las salas de las presas madres que ingresaran con sus hijos, e incluso una sección separada para las reclusas políticas.

Tras el golpe de estado y durante la guerra civil que sobrevino al mismo, muchas mujeres tomaron parte activa en la contienda, unas de manera más social y otras, desde los hogares, ayudaron a defender la causa republicana. Los hombres luchaban en el frente y las mujeres en las ciudades y pueblos, saliendo a las calles o guardando la casa y cuidando y educando a los hijos en los ideales que defendían sus padres.

En ambos bandos hubo cárceles de mujeres, pero la forma de actuar fue muy distinta en uno y en otro. En las cárceles republicanas, siempre se las trató bien y con respeto, fueron muy pocas las reclusas y siempre por un motivo estratégico. Ninguna mujer murió en estos centros.

En la de Valencia estuvieron familiares de altos dirigentes fascistas:  una sobrina de Franco, Carmen Primo de Rivera, Pilar Millán Astray o Rosario Queipo de Llano, entre otras, esta última describía así su estancia “El edificio era hermoso y estaba rodeado de un frondoso parque en el que había naranjos, palmeras, eucaliptus y un pequeño pinar por donde nos permitían pasear un rato los domingos y sábados por la tarde. A lo largo de los amplios corredores estaban las celdas grandes y ventiladas. Desde las ventanas se divisaban más allá del parque la espléndida vega valenciana”. En la prensa extranjera se llamaba a este centro penitenciario “La cárcel de las damas de España”

Con la derrota del frente popular y la posterior represión franquista, mujeres comprometidas con las opciones de izquierda, jóvenes en su mayoría, iniciadas en el mundo de la política de la mano de la Segunda República, fueron maltratadas y encarceladas. Pero también fueron castigadas otras muchas mujeres por el único delito de ser esposas, madres, abuelas o hijas de hombres perseguidos por los golpistas.

“(…) Había grupos de mujeres ancianas, vestidas de negro a la usanza de mujeres de pueblo -como personajes de García Lorca-; con sayas largas y pañuelos a la cabeza, arrugaditas como papel ajado, tristes. Mujeres que parecían hechas en roca o en madera, que entre sus dedos deformados por el artritismo apretaban las cuentas del rosario. Que nada esperaban de la vida y que allí estaban porque se negaron a decir dónde se escondían quienes se escondieron. Se reunían en grupos silenciosos. Hablaban, sin lágrimas, de sus hijos muertos.” Carlota O’Neill, Una mujer en la guerra de España.

A la mujer republicana o sospechosa de serlo, se la demonizó condenándola al ostracismo más allá de las mismas cárceles.  Recibieron un trato vejatorio y convivían hacinadas en condiciones inhumanas, para la ideología franquista preñada de fundamentalismo religioso, la mujer republicana era la encarnación del diablo, eran reprimidas doblemente, por mujeres y por rojas.  Estas mujeres fueron ejemplo de valor y resistencia dentro y fuera de las cárceles.

Los niños y sus madres presas fueron los principales perjudicados de las condiciones de hacinamiento de las cárceles de mujeres durante los primeros años de posguerra. En 1940 se fundó la Prisión Maternal de San Isidro, en Madrid, para reclusas madres o en avanzado estado de gestación. Su directora, María Topete, impuso una rígida separación de espacios entre presas e hijos mayores de un año, limitando su contacto a periodos de media hora. El objetivo era evitar que los hijos de las republicanas se «contagiaran» de la ideología de sus madres.

El régimen franquista no prohibió la prostitución hasta 1956. Los burdeles estaban autorizados, así como las prostitutas profesionales con su cédula sanitaria en orden. En cambio, la actividad ilegal y callejera de la prostitución fue severamente perseguida y castigada.

En 1940, según las estadísticas oficiales, unas doscientas mil mujeres ejercían la prostitución en España como consecuencia del desamparo producido por la guerra. En 1941 prosperaría una iniciativa de Pilar Primo de Rivera: la creación de las llamadas «prisiones especiales de prostitutas». Una prostituta ilegal podía permanecer encerrada de manera indefinida en una prisión especial, por un plazo límite de dos años. El ingreso se disponía con carácter gubernativo, sin mandato judicial de por medio: no había nadie a quien apelar. El régimen publicitó las «misiones» realizadas en este tipo de centros, ensalzando la llamada «Obra de Redención de la Mujer Caída».

La postguerra fue, sin duda, lo peor para las mujeres republicanas, unas quedaron viudas, otras encarceladas, muchas con los maridos encarcelados o exiliados, pero todas solas y marcadas. Incluso las que no tomaron parte activa durante el gobierno republicano, pero si eran familiares de rojos, fueron represaliadas y humilladas: les rapaban el pelo o las purgaban con aceite de ricino. Se quedaron solas con sus hijos, intentando resguardarlos de la inquina social y, a la vez, manteniendo vivo el recuerdo de sus padres ausentes.

Muchas fueron las mujeres que, como las 13 rosas, murieron siendo inocentes. A las supervivientes que han tenido el valor de recordar para contarlo, debemos el conocer mucho de lo que entonces pasó y se nos ocultó.

No sé si llegará el día en que nuestro país se recupere de aquel desastre, que enfrentó a hermanos con hermanos y a padres con hijos; que nos dejó huérfanos de intelectuales y científicos; que arrinconó a las mujeres; que arrancó, de raíz, la esperanza en una vida mejor y más justa, para empezar a plantar las semillas del capitalismo que, como la mala hierba, crece y sigue creciendo sin parar y sin que nadie lo pare.

Yo, a pesar de todo, sigo creyendo en la humanidad y el poder de las personas”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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