Miércoles , 13 diciembre 2017
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“Empecé a hacer fotos en los años 80, el primer equipo me lo  regaló mi madre”

“Empecé a hacer fotos en los años 80, el primer equipo me lo regaló mi madre”

Pedro Pablo Díaz Espadas nació en Almería, “cerquita del mar”. Recuerda con cariño los brazos de su madre frente al agua, y la manera en que ella lo salpicaba para que sintiera en su cuerpo de niño las gotas saladas. Es un hombre alegre, y en sus ojos revela los signos del paso del tiempo, especialmente cuando los deja perdidos en el vacío y recuerda con palabras a quienes ya no están con él. Durante una hora nos cuenta cómo fue en su infancia, nos explica los proyectos en que se encuentra inmerso y nos recuerda parte de un pasado que sabe que no volverá.
Nervioso, se sienta en la mesa y mientras se sirve un zumo comienza, “cuando venía de camino no dejaba de pensar en las preguntas que me harías. ¿Qué podía contestar si me preguntabas quién es Pedro Pablo Díaz?”. Yo hubiera respondido: un artista, pero continúa, “empecé a hacer fotos en los años 80, el primer equipo me lo regaló mi madre”. Cuando Pedro Pablo habla sobre su madre se atisba un cariño que excede los límites humanos, “soy un obsesionado de la seguridad. Siempre estoy preocupado porque a la gente que quiero no le pase nada malo. Y con mi madre, especialmente cuando le detectaron el alzehimer, siempre me ocupaba de que estuviera bien, que no le
bajara la tensión… Ella fue la primera en comprarme una cámara de fotos en el 84”, insiste, “siempre les enseñaba orgullosa a las vecinas las fotos que yo hacía”.

Pedro Pablo Díaz inaugura una exposición con retratos femeninos el próximo 3 de julio en Los Baños

Si quieres leer más, mañana, viernes 27, en la edición impresa de nuestro periódico

 

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Detalle de la exposición que se inaugurará el 3 de Julio en Los Baños

 

2 Comentarios

  1. Ana Vega Domenech

    Pedro Pablo es un gran artista en el sentido más ampliio de la palabra. Destaca como fotógrafo, pero su faceta como escritor no es de menor calidad. Cuando desliza su pluma por el papel, lo hace temblar, volar, lo llena de sueños, de realismo y a veces de surrealismo; transforma nuestra mente y pensamientos a golpe de palabras que vibran en nuestros oídos. Nos hace meditar, reflexionar, y en definitiva disfrutar con cada uno de sus textos, que como si de una obra de arte se tratara enmarca de un título que no deja de ser tan hermoso como toda su creación.

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