Martes , 17 julio 2018
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Andrés López Gázquez llegó a la fase final de Masterchef y nos cuenta su experiencia

Andrés López Gázquez llegó a la fase final de Masterchef y nos cuenta su experiencia

Llegar hasta allí ha sido para mí un sueño hecho realidad y a pesar de que no he podido entrar, he sido feliz”

El alhameño Andrés López Gázquez ha llegado a las pruebas finales de Masterchef, un con­curso de TVE en la que se pre­sentaron casi 16.000 personas y cuyo programa se emitió la pa­sada noche del 6 de abril.

Explica Andrés que fueron sus amigos los que le animaron a inscribirse en el programa y que el año pasado estuvo a pun­to, “pero había una pregunta en el cuestionario que no supe responder (¿cuál es tu mejor plato?), así que decidí no presen­tarme”.

Nos explica que este año, en octubre, cuando llegó a esa pre­gunta tampoco sabía qué res­ponder, “pero mentalmente me encontraba en mejor momento que el año anterior. 2014 fue para mí un año de cambios drás­ticos después de que en un viaje de vuelta desde Sao Paulo me planteara mi vida entera. Decidí empezar a hacer esos cambios y parte de ellos significaban hacer las cosas que realmente me ha­cían feliz; aquí es donde entra Masterchef”, afirma rotundo.

Al poco tiempo de presen­tarse le confirmaron que había pasado la primera fase, y le man­daron instrucciones para la se­gunda fase.

Los dos primeros años se presentaron unas 9.000 perso­nas, pero como este año hemos sido casi 16.000, el programa decidió endurecer el proceso de selección mediante una serie de pruebas que les dieran la capaci­dad de subir el nivel y poder ha­cer una selección más rigurosa de los candidatos”, cuenta.

Es por ello que en la segunda fase tuvieron que enviar vídeos personales simulando entrevis­tas, cocinando, hablando, etc.

En esta fase preparé una re­ceta de Brownie de rabo de vaca sobre bechamel de calamar (los platos de carne y pescado, el mar y montaña, son muy típicos de Cataluña, y además los platos es­tofados y donde impera el sabor se me dan bien, por lo que elegí esta receta para los vídeos”.

La primera semana después de Reyes, el programa le volvió a escribir para decirle que había sido seleccionado para la siguien­te fase: el primer casting presen­cial. “Para esta fase, el programa nos convocó a los 1000 seleccio­nados en cinco ciudades de Es­paña y nos avisaron de que tenía­mos que llevar un plato listo, pero que tuviéramos en cuenta que no tendríamos nada más que una mesa, por lo que si querías un plato caliente, tenías que llevarte un camping-gas, o la comida en termos, etc. Yo opté por tirarme a la piscina y presentarme a esta fase con una ensalada, que era una mezcla entre asiática, mexi­cana y murciana (llevaba caqui, y aunque el caqui no sea específica­mente murciano, yo lo he comido mucho en el pueblo y sentía esa fruta como muy nuestra)”.

Cuenta que ese día era el día famoso que se ve en el programa de la entrega de cucharas. Para alguien seguidor del programa como él, ese momento, probable­mente, sea uno de los más espe­ciales por todo lo que significa, nos dice el alhameño. “Realmen­te ese día noté que los miembros del equipo de selección tenían mucho interés en mi porque me entrevistaron más de diez perso­nas diferentes, entre ellos todos los miembros de la directiva de la productora (Shine Iberia). Mi ensalada les gustó mucho por el sabor y porque estéticamente era muy colorida (soy muy fan de los colores vivos). Esa mañana pudimos conocer a varios con­cursantes de Masterchef Junior y sobre las 14h llegó el momento de la entrega de cucharas. Como habréis visto en el programa, en el momento en el que me dieron mi cuchara, me vine abajo y me dio por llorar. Fue una mezcla entre emoción, nervios liberados y so­bre todo, asombro. No me podía creer que hubiera llegado tan le­jos”, dice emocionado.

Esa misma tarde continua­ron las pruebas y tuvieron que hacer una prueba de cocinado en directo: La Caja Misteriosa. “En esa prueba, hay una caja que oculta un ingrediente secreto con el que cada uno tendrá que hacer un plato decidido en el momento. Cuando se levantó la caja, dentro había un rodaballo y eso lo supe después de que una chica, que es­taba a mi lado me lo dijera, por­que yo no había visto ese pez ni en Google. Desde que levantan la caja, te dan 5 minutos para que pienses en una receta y cojas los ingredientes del supermercado. Después de unos minutos de cri­sis en los que no sabía qué hacer con el pescadito, decidí hacer un arroz con rodaballo, que acabó siendo espectacular”.

Sigue contando que más tar­de, la persona que a partir de ese momento sería su redactor le hizo una entrevista individual en la que le tienes que contar tu vida y en la que, entre otras cosas, te ponen a prueba diciéndote cosas como que no sabes cocinar, “o en mi caso que mi arroz era un pla­to que era una ‘auténtica mier­da’, literalmente. El programa necesita saber cómo gestionas las diferentes situaciones que se puedan dar y van bastante a saco probando hasta que te pillan por algún lado. En mi caso, no consi­guieron que entrara al trapo has­ta que se metieron con mi fami­lia y ahí me escucharon taconear en el suelo (como podréis ver este alhameño tiene carácter). Mi redactor me preguntó por qué no había probado el rodaba­llo nunca y como es que nunca lo había cocinado. Le dije que en mi familia no se compraba roda­ballo y cuando me preguntó los motivos, le dije que imaginaba porque era un pescado caro y yo vengo de una familia humilde, a lo que él contestó riéndose y di­ciendo que no se creía que no tu­viéramos dinero para rodaballo”.

Sin darse cuenta, se había ruborizado y dice que empezó a hablarle a la velocidad de la luz en plan: “pues no, no hemos comido nunca rodaballo. Vengo de un sitio donde abundan los productos de la huerta y en mi familia no teníamos dinero para rodaballos, así que hemos comi­do lo que mi madre ponía en la mesa, que bien rico que estaba. ¿Y tú crees que he tenido algún problema nutricional por no probar el rodaballo? ¿Te parece que tengo problemas nutricio­nales?? (mientras apuntaba con el dedo a mi barriga)”.

Todo fue una estrategia, “sólo necesitaba saber que tienes san­gre en las venas”, cuenta que le dijo el redactor y que él contes­tó. “, tengo sangre p’a hacer 50 ristras de morcillas”. A partir de ese momento, narra, todo lo que pasara hasta que se emitiera el primer programa, era estricta­mente confidencial.

Cinco días después, le envia­ron un mail y a los diez minutos le llamó una de las dos productoras del programa dándole la noticia de que estaba seleccionado entre los 50 mejores de España, dicién­dole que debería hablar con sus jefes e ir explicándoles “que igual desapareces un tiempo”.

Les dieron dos semanas para que se fuera organizando vidas ya que los 50 estaban con un pie dentro del programa. “Empeza­ron ya a explicarnos detalles de la estancia en la casa de Master­chef, etc., y tuve que hablar con mi jefe y al acabar, no me quedó claro si tendría trabajo a la vuelta de masterchef o no”.

Llego a Madrid y el martes comenzaba la final. Les subie­ron en un autobús a los 50 y los llevaron a los estudios de Prado del Rey. “Ese día, nadie sabía qué íbamos a cocinar; sólo nos habían dicho que estudiáramos. Si era plato libre, mi idea era hacer una versión del conejo en ajo cabañil, pero un poquito más sofisticada”.

Añade que conoció en el auto­bús a los 49 restantes, por lo que fue consciente de que conocía personalmente a todos los con­cursantes de masterchef y “lo que más nervioso me ponía era pen­sar que yo podía ser uno de ellos”.

Si pasaban esa prueba, dos días después era la prueba final, donde se entregaban los delan­tales que te confirman como as­pirante a masterchef. “Para esta prueba, mi madre, mi tía y mi prima venían desde Alhama a Madrid para apoyarme y tenían acreditación para acceder con­migo a los estudios”.

Ese día conoció al jurado de masterchef y al resto del equipo técnico. “Todos son más o menos como se les ve en la tele, excepto Samanta, que es infinitamente más maja de lo que aparenta. Los minutos antes de la selección yo estaba muy nervioso porque no sabía si tendría trabajo al lunes si­guiente y Samanta se acercó don­de yo estaba para preguntarme si estaba bien y darme un abrazo para que me tranquilizara. Es un amor de persona”.

Ese día hizo mucho frío, fue larguísimo, durísimo, con unos nervios espectaculares y men­talmente agotador, nos resalta, “pero sin duda lo más duro de ese día fue cuanto tuve que lla­mar a mi madre para decirle que devolvieran los billetes porque no podrían venir al plató. Los momentos de después fueron especialmente sensibles (es el momento que se ve en el progra­ma donde hablo de los sueños, etc.), pero a medida que pasaron las horas, me fui dando cuen­ta de lo lejísimos que ya había llegado y que eso era motivo de celebración, no de pena”. La tar­de que lo expulsaron, se fue de cañas por Madrid con unos 9-10 aspirantes, de los cuales hoy 8 es­tán dentro (Pablo, Kevin, Carlos, Andrea…).

Finaliza diciendo que el día que vio el programa fue cuando realmente se dio cuenta de lo le­jos que había llegado y lo bonito que había sido todo. “Llegar has­ta allí ha sido para mí un sueño hecho realidad y a pesar de que no he podido entrar, durante el camino, he sido feliz. Muy feliz”.

El alhameño Andrés en el programa; no dejéis de visitar su blog de cocina www. restaurander.com

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